
George Clooney dijo una vez que Daniel Day-Lewis era tan jodidamente bueno que los actores tenían la necesidad de arrodillarse ante él.
Para podáis haceros una idea de la forma de preparar los Daniel Day-Lewis os comento las siguientes anécdotas:
Mi pie izquierdo (1989): No se apeó de la silla de ruedas en todo el rodaje y llegó a romperse dos costillas por la postura retorcida en que permanecía. Aprendió a pintar con el pie.
El último mohicano (1992): Una intensa preparación física le permitió incrementar en 10 kilos su masa muscular. También vivió semanas a la intemperie cazando pescando para sobrevivir. Dormía con su fusil y aprendió a navegar en canoa, a lanzar el “tomahawk” y a despellejar animales para retratar con verosimilitud el carácter de su personaje.
En el nombre del padre (1993): Pasó dos días en una celda, comiendo sólo rancho carcelario y soportando que le arrojaran encima cubos de agua helada.
El crisol (1996): Antes de iniciar el rodaje, construyó él mismo la casa en la que iba a vivir su personaje.
Gangs of New York (2002): Martin Scorsese tuvo que buscar a Day-Lewis nada más y nada menos que en Italia. Por aquel entonces lleva años retirado donde trabaja como zapatero. Trabajó varias semanas de carnicero y contrató a dos lanzadores de cuchillo de un circo para aprender a hacerlo como su violento personaje. Aún llegó más lejos cuando, habiendo enfermado en Italia poco antes de comenzar a rodar, rechazó los antibióticos que le ofrecía el médico aduciendo que “en la época en que se ambientaba el filme tales fármacos no existían”.
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