lunes, 3 de noviembre de 2014

"El juez" : la familia es lo primero



Hemos visto montones de veces historias de familias desestructuradas por mil motivos; alcohol, drogas, violencia, una pérdida de un familiar. Siempre hay algo que desencadena que una familia se desmorone. En toda familia hay una persona que mantiene unida al resto. De esto trata "El juez". La ambientación y el marco argumental que nos presentan, nos llevan a una lucha en los tribunales por salvar la dignidad de una familia que no se lo merece, o tal vez si.

Las discusiones en las familias es algo habitual, normal, cotidiano. Sirven para aliviar tensiones y al resolverse, reforzar aún más los lazos afectivos. Todos pasamos por distintas fases: cuando somos pequeños consideramos a nuestros padres poco menos que superhéroes. Más tarde al crecer, te das cuenta de que tienen debilidades como nosotros y de pronto descienden a la categoría de simples humanos como tu y como yo. En la adolescencia te enfrentas a tus padres por el inevitable salto generacional y luego al crecer lo superas y te das cuenta de que te pareces más a ellos de lo que pensabas, para bien o para mal. Lo malo ocurre cuando te quedas anclado en alguno de esos estadios sin superarlo.

De pronto, llega el día en que te has cansado de demonizar a tu padre, aunque se lo merezca, al igual que hay que aceptar al resto de la familia que te ha tocado. Los lazos de sangre son demasiado fuertes, es algo primigenio, es biologíco, lo tienes tatuado para siempre en el ADN. Si para colmo te ha tocado en tu pack de carga genética un poco de empatía, cordura y sentido común, la conciencia y el corazón harán el resto. Vivir no es fácil y no se puede aprender sin equivocarse ni redimirse.

La representación de tener a todo un juez como padre, es un simil muy gráfico de lo dificil que es para un hijo superar ciertos asuntos con padre. La conversación de Robert Duvall y Robert Downey Jr en la cocina y la escena del baño es la clave de la película. El duelo interpretativo de estos dos grandes actores es un regalo al que ya no estamos acostumbrados a recibir como espectador. Aunque el resto del reparto, el proceso judicial, ambientación, música y demás parafernalia no destaque demasiado, los protagonistas están tan bien escritos y tan bien interpretados, que el resto me da exactamente igual. Me importan una mierda las producciones que son correctas en todo y que me dejan indiferente. Ésta me ha tocado emocionalmente y está magníficamente interpretada. Con eso me basta. Puede que no pase a la historia, pero a lo mejor acaba un par de Oscars en el bolsilo.

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